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Palos de Ciego

Túnez, día 71: ¿Se puede pedir más?

Túnez, día 71: ¿Se puede pedir más?

ELLA está aquí.

De hecho lleva unos días conmigo aquí en Túnez. Ya he comentado alguna vez y si no lo hago ahora, que no me importa viajar solo. Aprecio bastante las ventajas de esta situación y me acomodo rápidamente a las desventajas.

A partir de ahora no ocurrirá así. Cada vez que me encuentre solo me acordaré de este viaje. Recorrer un país con ELLA, descubrir nuevos detalles, organizar las cosas pensando que todo salga bien, no solo para disfrutarlo yo sino para que lo disfrutemos los dos.

No es el primer viaje que hacemos juntos pero si el primero en el que estamos solos sin tener que "coordinarnos" con nadie, ni compañeros ni anfitriones (desde aquí millones de besos a todos por vuestra compañía y vuestra hospitalidad).

A los que me conocéis y a los que no deciros que ELLA está aquí. ¿Se puede pedir más?

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Túnez, día 64: Árboles que nunca caen

Túnez, día 64: Árboles que nunca caen

Hay quien dice que si un árbol cae en la soledad de un bosque y  no hay nadie que lo escuche caer no se produce ningún ruido. Hay quienes se limitan a afirmar que  no podemos afirmar con seguridad que se produzca ruido alguno.

 

¿Es condición para existir ser percibidos por el mundo que nos rodea? ¿Si no existe percepción las cosas dejan de existir?

 

El otro día tuve un sueño bastante extraño. Por alguna razón que no llego a recordar me era imposible empezar ninguna comunicación desde Túnez con ninguna de las personas conozco. No me refiero a la gente de aquí. Me refiero que no podía hacer ninguna llamada telefónica, ni escribir ningún correo electrónico ni ninguna carta convencional.

Por extraño que parezca solo podía contestar a las llamadas, responder a los correos electrónicos que me llegasen y utilizar el mismo sobre y el mismo sello para enviar mis cartas.

 

Pero no se producían llamadas, ni recibía correo de ningún tipo. La gente dejó de recibir noticias mías y a nadie le extraño. En el sueño no se daba ninguna razón para ello. "Por ahí andará dando vueltas e ingeniándoselas para seguir adelante" pensarían.

 

Un día me llego una carta de la empresa y me trasladaron de país. No pude notificárselo a nadie. La vida pasaba, los hechos se sucedían y nadie se enteraba. La gente de Túnez y de mi nuevo país no contaba en el sueño. Quizás porque cambiaba continuamente de ciudad como para que se diesen cuenta de mi existencia. En algunos pueblos llegaba al atardecer, trabajaba de noche y me iba antes de que amaneciese.

Poco a poco empecé a deambular como un fantasma, como una sombra. En el sueño sentía como la gente se iba olvidando de mi. La vida pasaba y yo me iba con cada recuerdo que el tiempo les arrancaba de la memoria. Iba enfermando, de melancolía dirían  los antiguos doctores, de falta de memoria diría yo. Casi no comía, veía las cosas borrosas y los sonidos me llegaban como susurros traídos por el viento. Las fuerzas me iban fallando y mi piel adquiría un tono violáceo.

 

Un día al despertar sentí que no era capaz de levantarme. Con cada bocanada de aire que salía de mis pulmones se me iba la poca vida que aún me quedaba. Suspiré resignado a mi suerte, llorando por no poder despedirme de mis seres queridos. Los ojos se inundaron de tristeza pero no pude secármelos. No podía mover ni un solo músculo.

En ese momento, en el último instante de mi vida sonó el teléfono. Podía oírlo en la lejanía aunque sabía perfectamente que estaba a unos centímetros de mi cabeza, en la mesilla de noche, junto al vaso de agua y al mando de la televisión que había sido mi única compañera durante los últimos días.

 

El teléfono seguía sonando y sonreí tranquilo al saber que en el momento de mi muerte alguien se acordaba de mi.

 

No pude exhalar el suspiró final porque en ese instante me desperté, la almohada empapada en lágrimas y sudor. En la mesilla el teléfono sonaba avisando de que era hora de empezar un  nuevo día. Tardé unos minutos en reaccionar Al levantarme abrí la ventana de mi habitación y me alegré al escuchar los cientos de sonidos que llegaban desde el exterior, al sentir el aire en mis pulmones y ver el Sol surcando el horizonte. No se si que yo sienta la vida será condición para que exista, pero a mi me hicieron sentir más vivo que nunca.

Túnez, día 59: No quiero ser un turista más.

Túnez, día 59: No quiero ser un turista más.

Ayer bajé de nuevo al desierto. No me aburre. Cada vez me gusta más. Me gustaría tener un poco más de tiempo para adentrarme en el y no quedarme tan solo en la frontera, intuyendo mil y un secretos. Secretos que estando al alcance de mi mano aún no he reunido el valor de ir a reclamarlos solo para descubrir después que muchos antes que yo lo intentaron. Los hallaron y tuvieron que dejarlos allí para que los reclamen los que les siguieron. Una vieja ley de la aventura: nada te pertenece aunque lo hayas conseguido. El único premio es la experiencia de haber llegado.

Y así bajo una y otra vez a observar lo que nunca será mío ni de nadie.

Sacando al guía turístico que todos llevamos dentro lleve a uno de mis compañeros de trabajo a que conociera Nefta, Chebika, el Chott y viese la puerta del desierto. Excursión que no es nueva para mi y sin embargo llena de nuevos detalles. Esta vez detalles que me han hecho reflexionar, como casi todos, sobre mi condición de extranjero y turista en este país que me acoge.

La última vez que estuve en Nefta ya conté que contrate los servicios de un guía (ver Túnez día 34: Otro domingo, otro regalo). Cuando nos despedimos me pidió que le enviase alguna de las fotos que había tomado y le dije que no se preocupara que seguro que volvía por allí y que yo mismo se las llevaría. Después de aquello he estado un par de veces en Sevilla y aunque me he acordado de mi promesa nunca he encontrado el tiempo (pobre excusa) de imprimir alguna foto. Y así me plante ayer en Nefta, sin ninguna foto que llevarle. Se que no le debo nada pero no es bueno empeñar la palabra con promesas vacías.

Como el mundo es un pañuelo y estas pequeñas ciudades lo son aún más me encontré con el guía paseando por la Medina de Nefta. Yo con mi compañero y el con un matrimonio alemán. Le salude al pasar y el me devolvió el saludo no se si por educación o porque se acordaba de mi. No pude descifrar la expresión de su cara. Pasé el resto de la mañana pensando que hubiese pasado si hubiese llevado las fotos encima. Quizás he dejado pasar la oportunidad de hacer un amigo en un lugar tan remoto como este o quizás...

Antes de comer y siguiendo la misma ruta que me enseñó el guía, por cierto se llamaba y se llama Naceur, la última vez nos adentramos un poco en el desierto para encontrar las primeras dunas de arena. Hay un camino transitable por vehículos, posiblemente por el que pasan todos los turistas y por el abandonamos la carretera. Pocos cientos de metros más adelante distinguimos las primeras dunas. Cerca de ellas había una jaima con camellos y se podían distinguir algunas personas con trajes beréberes. Al pasar a su lado mi compañero le saludo y vimos como una docena de niñas, 11 a 13 años, y un par de mujeres se levantaban y seguían el coche. Seguimos el camino otros quinientos metros o algo más y nos bajamos del coche para pasear por las dunas. Al mirara atrás vimos que el grupo de beréberes se acercaba. Las niñas con muchos objetos en las manos y un hombre con un dromedario. Reconocí al mismo hombre, no al animal, que me ofreció un paseo en dromedario la primera vez que estuve aquí. Como tampoco había mucho más que ver y siendo ya la hora de comer nos acercamos al coche. A las niñas les quedaban unos cien metros para llegar a nuestra posición. Al ver que nos dirigíamos al automóvil empezaron a correr como posesas incluida la mujer que ya estaba algo entrada en años. Fue impresionante ver como se desplegaron cerrando todo camino de escape y como se lanzaron sobre el coche. Yo, en cuanto las vi correr entré y cerré mi puerta aunque no arranque a pesar de las protestas de mi compañero. No quería empezar a mover el coche con alguna delante porque veía la desesperación en sus caras y no me fiaba que se apartasen. Mi compañero a su vez se ocupó su asiento pero no cerro la puerta, no se si por inconciencia o por falta de reflejos. El caso es que 6 o 7 niñas se abalanzaron sobre él, peleándose por un sitio en primera fila y poniendo objetos de artesanía, pulseras y unos camellos de lana feísimos, en las manos y el regazo de mi copiloto. La situación era grotesca, al principio reímos e incluso saqué unas fotos del ataque. Deje de hacerlo cuando miré la cara de aquellas niñas, su expresión de verdadera desesperación por vender algo, los codazos que se daban con saña. En un intento de calmar las cosas cogí un camello y una pulsera y pagué con las monedas que salieron de mi bolsillo. No las miré, la niña que las cogía tampoco. Di un par de palmadas, grite "Le, le, le" y "Sava" pero como si predicase en el desierto. No se apartaron de la puerta que seguía abierta. Mi compañero dio un grito de desesperación. Yo arranqué el motor y viendo que no había ninguna delante aceleré fuertemente en punto muerto y con el freno de mano puesto. Alguna de nuestras atacantes se apartó. Quité el freno, puse primera y avancé. Todas las niñas dieron un paso atrás y cuando mi amigo intento cerrar la puerta la mujer mayor se agarró a ella y empezó a seguirnos. Aceleré un poco pero la pobre mujer no quería soltar su presa. Frené un poco lo que hizo que se golpease contra la puerta pero no se soltó. Mi copiloto le empezó a hacer cosquillas, creo incluso que le cogió una teta sin querer, y la mujer se limito a reír pero no se soltó. Aceleré un poco más y al final le faltaron las fuerzas y nos dejó marchar.

Viéndonos "libres" de aquella situación mi amigo y yo reímos a carcajada limpia.

Por la tarde, antes de emprender el viaje de regreso, mientras contemplaba de nuevo uno de los más bellos atardeceres de mi vida reflexione sobre el asunto y sobre lo triste que puede ser la vida. Quizás algún día os cuente mi opinión al respecto.

Túnez día 55: Volvemos a las andadas

Hace ya algún tiempo escribí sobre lo fácil que puede llegar a ser acostumbrarse a ciertas cosas. Recuerdo aún que el post fue un  tanto "polémico" por la contestación de uno de mis lectores.

Yo no le di mucha importancia, a mis opiniones me refiero. Pensaba en el fondo que cada cual es como es se vea obligado a dormir por una vez en colchón de plumas o sobre la hierba.

 

Que de cierto es eso que la disciplina fortalece el espíritu y los vicios, ya sean estos simples lujos o no tan simples, lo debilitan.

 

Estoy alojado en un buen hotel. La habitación es limpia y confortable. La cama cómoda y el agua de la ducha caliente.

A punto he estado de pedir que me la cambien.

Indignado por la falta de consideración.

¿Qué han sido de las habitaciones en primera planta, con terraza al jardín y distribución duplex en la que me había alojado en las otras ocasiones?

Me acabo de duchar con agua fría como castigo a mis pensamientos sibaritas.

 

Aún estoy pensando si dormir hoy en el suelo para redondear el escarmiento

Túnez, día ya ni se sabe.

Hace bastantes días que no escribo nada en este diario de viaje y por ende no he publicado nada en el blog. Hoy por hoy uno es el otro y el otro es uno.

Acabo de comprobarlo, nueve días. Eso es mucho tiempo. Además ni siquiera voy a publicar esto hoy o mañana o quizás pasado mañana.

Reflexionando sobre lo sucedido veo días aburridos de trabajo y viaje.  Veo un viaje relámpago a casa.

Regreso al hogar por Navidad, como el turrón. Sorpresas para todos, llantos y risas por igual. Emoción a raudales.

Noche Buena y Navidad. Dos fechas entrañables y llenas de recuerdos han pasado igual de fugaces que mi estancia en el hogar.

 

Aún recuerdo esas largas veladas del 24 de Diciembre. Esa cena pausada seguida de un festín de dulces al calor de la mesa de camilla. Villancicos, risas y por alguna extraña razón la televisión sintonizada en la única cadena que había la Primera (la segunda es documental e informativa, pero no navideña, así que no cuenta). No se le hacía mucho caso pero el especial de Noche Buena era el hilo musical de la larga sobremesa. Pero para larga la sobremesa de Navidad, que se extendía durante horas interminables. Los postres se hacían merienda y las sobras se convertían en cena. Entre comida, juegos y primos parecía que ese día no iba a acabar nunca y acaba cuando empezaba a empachar, justamente cuando debía de hacerlo.

 

Ahora, cuando he querido saborear los mazapanes, me he encontrado subido a un avión rumbo a Túnez. Y siento decirlo pero aunque me hubiese quedado un mes en casa las fiestas hubiesen sido igual de rápido. Creo que cuando se crece el reloj decide ir a un ritmo diferente que cuando eres niño.

 

Niños...es por eso por lo que he empezado a escribir hoy.

No, realmente he empezado a escribir porque he tenido un momento de tranquilidad. Me encuentro en el tren y rítmico va y ven con el que te acuna siempre me ha hecho pensar. No ocurre lo  mismo con el autobús o el avión. Tienen otros encantos pero el tren te permite encontrarte contigo mismo. Al menos te permite descansar y pensar durante un rato. 

He pasado mucho tiempo de mi vida cuidando niños. He sido voluntario en un par de asociaciones infantiles y juveniles. Es sorprendente con que sencillez se enfrentan a la vida. Sencillez que a veces los adultos no llegamos a comprender.

 

Hoy me han acompañado muchos niños en mi viaje de regreso a casa. Desde la pequeña futura Miss España, una pequeña rubia que jugaba con maquillaje y que tenía embobados a todos los azafatos de Tunisair, incluyendo el mostrador de facturación hasta una criatura de 3 meses que miraba todo con sus ojos bien abiertos como

Sin olvidarnos con el niño rizado con el que he estado jugando al escondite en el avión o era en la jungla, quizás fuese en un barco pirata. No lo recuerdo con seguridad.

 

La mirada de un niño, su capacidad para imaginar mil y un mundos maravillosos. Me pregunto hasta que punto nosotros, los adultos y nuestro mundo, les influenciamos, los moldeamos hasta adaptarlos a lo que creemos es la visión correcta de la vida.

Hoy en el avión, tras el despegue he vuelto a mirar por la ventanilla. Esta vez más interesado que otras porque un niño que se sentaba detrás de mí miraba casi con devoción, le faltaban ojos y ventanilla para descubrir todo lo que quería.

 

En un momento dado se ha girado y le ha dicho al padre: ¡Mira papa, mira! Las casas...que pequeñas. Se parece al Googlemap.

La normalidad, la referencia para este niño es una pantalla de ordenador. El mundo real lo ve cada día en su cuarto y este avión con su pequeña ventanilla no son más que intentos no muy conseguidos de imitar esa realidad.

 

 

Túnez, día 46: Cuestiones demasiado personales

Acabo de leer el royo que solté ayer y me ha dado vergüenza. ¿Cómo puedo tener esta capacidad de verborrea tan incontrolada? Y eso que hice propósito de enmienda.

Aún así escribiendo sin control ayer se me olvido mencionar la que iba a ser la idea central del día.

Haciendo un poco de memoria  recuerdo los primeros días de mi estancia en Túnez. Todo era nuevo, fascinante y exótico. Entre otras cosas yo mismo.

Aquí en el sur el turismo aún no ha arrasado. Así que un extranjero  llama un poco la atención Sobre todo si como yo se mueve fuera de los círculos habituales. 

El caso es que con el paso de los días le fui cogiendo el pulso al país, aprendiendo algunas palabras y empecé, creo, a pasar desapercibido. Aunque a veces ocurren cosas como ser el primer extranjero que como en cierto restaurante de comida rápida en Gafsa y eso que lleva un par de años abierto.

 

Ayer volví a sentirme, sino exótico, si diferente. 

Como ya conté íbamos cuatro en el coche sin rumbo fijo. Un colega tunecino y su novia en el asiento de atrás. Yo conducía mientras que la carabina iba cantando bellas canciones tunecinas.

En cierto momento deja de cantar y me mira con bastante curiosidad. En su cabeza va tomando forma una pregunta que no se atreve a formular en voz alta. You aren't muslim? dice de repente. Eso ya me lo había preguntado en la cafetería. Yo niego conla cabeza sin apartar los ojos de la carretera. So you don't... duda y suelta una palabra en árabe que por supuesto no entiendo. Mi amigo deja por un momento de besar a la novia y se descojona de risa, pero no dice nada y sigue a lo suyo. Yo me mosqueo por dentro, ya que ni la Meca, ni el Ramadan, ni rezar cinco veces al día, suelen ser aquí motivo de risa. 

Entonces como ya está lanzada, la carabina hace un par de gestos con las manos que me dejan completamente helado mientras los hace y cuando unos segundos después descifro su significado: Si yo no soy musulmán entonces yo no estoy....CIRCUNCIDADO. Jejeje. No me lo podía creer. Vaya con la preguntita. Aquí empecé a creer que la carabina no era tan inocente como aparentaba. 

Yo le solté a bocajarro que no y que ni falta que me hacía. Que el doctor nunca había visto necesidad de ello en mi caso. Ella me intenta explicar que de todas formas es bueno para la salud (razonamiento recurrente cuando algún tunecino intentando convertirme al Islam me dice que comer cerdo es malísimo para la salud mientras yo me acuerdo del jamón ibérico 5 jotas...aunque esa es otra historia). Yo le replico que por mi parte no hay problema, que yo me lavo muy bien todos los días, haciendo hincapié en mis zonas mas intimas y delicadas.

Tras un silencio, bastante corto para mi gusto, vuelve a la carga y me pregunta que como es. Le dije que se echara un novio no musulmán y al momento me arrepentí de mis palabras al ver que esbozaba una sonrisa picarona.

Pero que coño, no le iba a explicar como es mi pene, no me llega el vocabulario en inglés...y no iba a enseñárselo, que estaba conduciendo.

 

Túnez día 45: Haciendo de carabina a la vieja usanza

No se si lo he comentado alguna vez pero en general no me gusta generalizar. Cuando se escribe un diario de viaje a veces se tiende a hacerlo. Algunas anécdotas, algunas historias se narran como si todo el mundo en el lugar donde las has vivido hiciese lo mismo. Luego estás las costumbres, las normas de cortesía, los usos...que son una fuente inagotable de anécdotas. Que hay que conocer para al menos no meter la pata y no ofender a nadie.

 

La última vez que estuve en España le comentaba a algún amigo que en cierto sentido, aquí en Túnez, me parecía estar perdiéndome la mitad de la película. Me refería a que en el trabajo y fuera de él solo estaba con hombres. Hablar con alguna mujer tunecina parece a veces una tarea casi imposible. Tras esa frase ya he caído en la primera generalización de hoy.

Si que es verdad que tengo que hacer ciertas distinciones entre la capital y la ciudad donde me encuentro ahora. Diferencias entre una ciudad del norte y otra del sur, diferencias entre una gran ciudad y una ciudad de provincias. Posiblemente lo que hoy voy a contar muchos lo habéis vivido en España, sino en formas si en el fondo.

Una de las cosas que más me chocaron en mi regreso a España fue encontrarme en los bares y en las discotecas a hombres y mujeres. Después de varias semanas en una ciudad donde en los bares solo hay hombres y la única mujer que vi en una sala de baile fue precisamente la bailarina sobre la que hablé en su momento. En los restaurantes si que he visto alguna mujer, pero nunca sola siempre con el que supongo era su marido o bien con un par de amigas y sus hijos. Ver alguna chica joven en la calle más tarde de las siete o las ocho de la tarde es algo bastante inusual. Seguimos con las generalizaciones y así no voy a ningún lado.

 

El otro día, mientras tomábamos café, un tunecino me comento que se había echado novia. Yo le felicite y le dije que se lo había notado, que de vez en cuando hablaba por teléfono se le cambiaba la cara y la voz. Cara de besugo al horno como decía mi amiga Ines.

Bastante curioso respecto a este tema le pregunté como la había conocido y todo ese rollo. Sin vida social aparente, sin lugares de marcha y con bastantes familias tradicionales aquí en el sur no veo como. Me dijo que vivía cerca de su casa, que la veía pasar por su calle y se las había ingeniado para conseguir su número de teléfono. Me pregunto que si quería conocerla y le dije que si, que por supuesto. Me dijo que acababa de hablar con ella y que le había explicado donde estábamos. De hecho estábamos en la terraza de un bar cercano a su casa. Al cabo de los minutos señaló disimuladamente a una chica que pasó enfrente de nosotros caminando por la acera y me susurro que era ella.

Estupefacto le pregunte sino se iba a acercar y dijo que no, que había mucha gente, que alguien podías verlos, que estábamos en una ciudad donde todo el mundo se conocía...

Me quedé de piedra.

Entonces recordé algunas películas antiguas donde se ve como el hombre se acerca a la reja de la casa de ella  para hablar con su amada o escenas donde los amantes se lanzan miradas y sonrisas en la misa del domingo. En general la ambientación de esas películas es muy diversa. A veces cincuenta años, a veces doscientos. Tiene que ser duro, pensé, así se lo dije a mi amigo.

Me contó también que otro día quedaron para tomar café en un bar bastante nuevo donde no suele ir nadie y que aún así pasaron todo el rato temerosos de que alguien los viese.

 

Ayer sábado mi amigo me llamo y me dijo que necesitaba un pequeño favor. Había quedado con su novia y con una amiga. Si íbamos los cuatro la gente no murmuraría. A mi me olió a carabina y a grito de socorro por su parte. Quien me conoce sabe que no puedo rechazar ese tipo de favores y quien piense mal sobre mis intenciones es que no me conoce

 

El muy mamón lo tenía bien planeado. En cuanto se subieron al coche y tras las presentaciones de rigor, habló con su novia y me soltó un contundente: Roas of Gabes. Debo recordaros que no tengo ni puñetera idea de árabe y que francés solo cazo algunas palabras, así que la posibilidad de equivocarme al narrar ciertas situaciones es alta porque debo basarme en mi sexto sentido para saber que narices estaba sucediendo. 

A pocos kilómetros de Gafsa aparcamos en un bar de carretera. Debo decir que eligieron bien. Un sitio tranquilo, buena música y con un precioso jardín. Lastima de lluvia.

Allí entramos los cuatro. La verdad es que habían hablado poco durante el trayecto. Se les notaba algo nerviosos. Me refiero a mi amigo y a la novia. La carabina estaba en silencio.

Escrutaron detenidamente el local y eligieron un rincón apartado. A mi todo aquello me parecía algo cómico.

Pedimos los cafés. Para mi sorpresa la amiga sabía hablar inglés. No iba a ser una tarde tan aburrida a pesar de todo. Como ya he dicho hasta ese momento no había hablado con ninguna tunecina tranquilamente. Además mi papel en esta historia es entretener a la carabina y sin poder hablar con ella lo veía difícil (ni una sonrisa mal pensada por favor).

La conversación fue bastante interesante. La carabina estudia música y quiere ser profesora. También me cuenta que está un poco cansada de todas estas historias y de lo cerrada de mente que es la sociedad gafsiana. Esto no le impide cumplir su labor de carabina y darle una colleja a mi amigo, o quizás fuese a la novia, al primer intento de beso. Tras esto se olvidó de la pareja que desde ese instante se dedicaron algunos arrumacos y algunos besos en las mejillas y poco más. Todo con mucho recato y pudor. Aunque que queréis que os diga se les notaba el deseo y la pasión en los ojos. Si no estuviese mal visto creo que hubiesen hecho el amor allí mismo. 

Pero no creáis que los nervios habían acabado. De cuando en cuando entraba algún nuevo cliente. Generalmente un hombre. Abría la puerta, miraba en el interior del bar y se iba para regresar en poco menos de un minuto con una muchacha. Durante este tiempo todo el mundo miraba la puerta y le sostenía la mirada al recién llegado con rostro muy serio. A veces me parecía que eran como perros marcando el territorio. Todo aquello duraba hasta que la nueva pareja se sentaba en su rincón.

Sobre esto también se reía mi nueva amiga. De hecho la idea de los perros marcando el territorio fue suya. Yo por mi parte seguía en mi papel, mucha conversación pero con mucho tacto. Ya sabéis, el mayor peligro de estás situaciones es que la carabina le de por cambiar de rol... mi ingles no es tan bueno como para rechazar proposiciones deshonestas de una manera educada y tampoco me apetecía hacer la cobra.

Me contó que si bien le gusta la música no ve nada claro su futuro como profesora, aunque esto le puede dar la oportunidad de salir de Gafsa. Además no era plan de contradecir a su padre (¿a quién le suena?). También me cuenta los problemas para encontrar un buen novio. Y no se refería solo a las mismas cosas que nos habían llevado hasta este apartado bar lejos de ojos indiscretos para mi amigo y su amiga. Me cuenta que su padre es muy tradicional y que tendrá que dar el visto bueno a su futuro marido. Parece ser que cumplir con las exigencias del padre no es fácil. Así que tuvo que cortar con el último novio que tuvo cuando un tío suyo la descubrió y se lo contó al padre. You are not muslim, don't you? bromea mientras me sonrie. En ese momento sonaron todas las alarmas y negué con vehemencia, añadiendo que en mis planes de futuro no se encuentra la idea de la conversión. Creo que capto el mensaje y mi preocupación por lo malentendidos ya que rió y con ganas.

 

La tarde, el café y la conversación la pasé viendo la proyección de esos minutos que me faltaban de la película. Nunca me cansaré de intentar comprender el interesante punto de vista que sobre el mundo tienen las mujeres (hacía bastantes líneas que no generalizaba y lo estaba echando de menos). 

En esas estaba cuando mi amigo propuso que era hora de irse. Hasta ahora me había parecido mucha historia secreta para un simple café y un par de abrazos. Por un lado me sorprendía la inocencia del asunto y por otro me parecía muy triste. Mi lado más romántico se estremecía solo de pensar cuantas historias de amor se habían desvanecido en silencio por culpa de aquella situación. Del sexo, el vicio y la depravación os prometo que ni me acorde. Aunque debería haberlo hecho. 

Nos montamos en el coche. Mi amigo se sentó atrás con la novia. Esta vez fue la carabina quién me dijo donde ir. No iríamos directamente de regreso, me quería enseñar una cosa. Al menos eso fue lo que entendí. Puse la radio. En el dial que suelo escuchar daban noticias, en francés, así que presioné el botón de búsqueda  y la radio se paró en una cadena de música tunecina. Mi nuevo copiloto se puso a cantar, lo hacía realmente bien. En el asiento mi amigo no perdía el tiempo, mejor dicho era ella quién no lo hacía. Tal como arranque se abalanzó sobre él y empezó a comérselo a besos. Mi imagen de la relación idílica y a distancia se esfumó en un suspiro. El que di mientras cambiaba de posición el espejo retrovisor en un vano intento de darles intimidad. Miré a la carabina y mi cara tenía que ser un poema porque dejó de cantar y me explico que lo que estaba sucediendo era bastante normal (ahora es ella quién generaliza). Today they are lucky. Y continúa diciéndome que no es normal tener a alguien que conduzca y que si quieres algo más aparte de la intimidad de estar solos en un coche pero en marcha debes parar. En ese  momento recuerdo que las carreteras de Túnez están llenas de policías y no creo que sean muy considerados con las parejas que encuentren en plena faena (pedazo de eufemismo que acabo de sacarme de la manga).

 

Se hace de noche y entre canto y canto mi copiloto me guía de nuevo a Gafsa. Dejamos a ambas donde las recogimos y mi amigo con una sonrisa en lo labios me dice, Come on, I want to invit you to have the dinner. Yo acepto convencido de que me lo he ganado.

 

 

Ahora me encuentro en la habitación del hotel escuchando música bastante ñoña y pensando sobre todo lo que ha sucedido. Me parece triste y patético tener que llevar una relación de este modo. Pero no es culpa de ellos. Vuelvo a recordar las películas antiguas. En ellas los amantes siempre se las ingenian para verse en secreto.

 

Sigo escuchando la música, hoy me encuentro melancólico. Seguro que es culpa de este tiempo de mierda.

Pienso en todo lo que se están perdiendo. Vuelvo a oír risas mal intencionadas pero estoy pensando en nada puramente carnal.

Pienso en lo hermoso que es compartir ciertos  momentos, poder pasear cogidos de la mano por el parque con cara de besugo al horno. Gritar a los cuatro vientos que estás enamorado. Darle un beso en publico a la persona que amas simplemente porque si porque es ella.

Una relación hay que cuidarla, regarla con mucho amor y procurar que le de el Sol. Bajo la sombra del miedo pocas crecen sanas y fuertes

Túnez, día 41: Adaptación o cuestión de costumbres

Siempre me ha impresionado la capacidad del ser humano para adaptarse a casi cualquier situación. Será por eso por lo que aún seguimos dando vueltas por el universo a pesar del empeño colectivo en lo contrario.

La versión casera de la adaptación es la manera, a veces tan sencilla con la que nos acostumbramos a las cosas o con la que no nos acostumbramos a ellas.

Hace un par de días regresé a Túnez y lo primero que sentí fue un poco de miedo. Miedo a haberme acostumbrado. Todo me resultaba conocido. Ni siquiera el hecho de cambiar de hotel (impresionantes algunos de los hoteles donde me estoy alojando) me ha quitado esa sensación algo monótona.

Es el inconveniente de acostumbrase a las cosas, facilita la vida porque aprendes de la experiencia pero va mermando la capacidad de asombro.

Y sin capacidad de asombro esos pequeños detalles sobre los que ya he hablado van perdiendo su valor.

No estoy escribiendo sobre nada nuevo. ¿Cómo creéis que nació el puenting? La gente se acostumbra a su vida, pierde el interés por los regalos cotidianos y decide tirarse por un puente. Hasta que alguien vio el negocio y propuso que antes de tirarse la gente se atara a una cuerda. No por caridad sino porque muerto el cliente no repite el salto y eso no es rentable.

Pero me estoy yendo por las ramas, como siempre.

 

Durante mi viaje al sur, si, me han vuelto a mandar aquí, he realizado mi puenting particular. No ha sido nada premeditado. Me he despistado en la salida de la autopista, la única que hay en el país, y en vez de dar la vuelta he decidido atajar por vamos a llamarlas carreteras secundarias.-por no llamarlas cuaternarias que es cuando se debieron construir. Toda una inmersión en el Túnez profundo.

Si lo piensas bien no me he encontrado con nada que no me encontraría en España. Pequeños pueblecitos en mitad de ninguna parte, compuestos por tres casas y una calle, la carretera. Ancianos tomando café o te en la puerta del bar. Gente de campo recogiendo los aperos para regresar a sus casas. Niños jugando en las calles. Lo dicho nada alejado de lo que encuentras en algunas zonas de España, salvo quizás las ropas y los turbantes.

En eso iba pensando cuando me para la policía y van ya más de una docena de veces desde que he llegado. Enseño mi carné de conducir y al verme extranjero el agente me solicita el pasaporte. Esto ocurre en una carretera que la vamos a llamar así por el asfalto, ya que llevo más de 20 Km. sin ver una señal de trafico ni líneas blancas en el suelo y en la cual llevo media hora sin cruzarme un coche. En un lugar que por no haber no hay ni desierto. Pero en el que alguien ha ordenado que se aposte un policía.  Estoy sacando mi pasaporte cuando en dirección contraria aparece un carro tirado por un caballo y conducido por dos jóvenes que no pasan de la veintena.

El agente se separa del coche y les da el alto.

Yo me sonrío, control de policía a un carro. Me pregunto que papeles les va a pedir. Mi sorpresa es mayúscula cuando veo que el carro en vez de frenar acelera. El policía que no sale de su asombro pone cara de mala leche, me arroja el pasaporte y me grita "Sava Sava" haciéndome gestos para que me vaya.

A los del carro se les ha caído el pelo, pienso mientras reanudo la marcha, si les atrapan, porque por el espejo retrovisor puedo observar como el policía echa a correr tras los fugitivos. Se encontraba allí sin coche, moto o bicicleta.

 

Así me alejo con la imagen del policía corriendo walkitaki en mano. Y yo que había pensado que está estancia en Túnez iba a ser más aburrida por culpa de la adaptación, digo de la "acosrumbramiento"

Recuerdos

Es curioso esto de los recuerdos.

Hace un par de días tuve una sobredosis de ellos. De los más bonitos. La niñez, el colegio, las interminables mañanas de clases y las aún más interminables tardes de juegos.

Sin vergüenza he de decir que me emocioné.

Llevo un par de días pensando en eso.

Si ya tengo tantos recuerdos como para poder tener sobredosis, si ya tengo tantos recuerdos que pueden emocionarme hasta casi llorar, ¿significa que me estoy haciendo viejo?

Tener recuerdos no significa hacerse viejo, significa tan solo que el tiempo pasa y que lo estoy utilizando.

Quizás tener recuerdos pero no tener planes de futuro si signifique hacerse viejo.

Quizás por eso nunca llegue a hacerme viejo. 

Sobrevivir a uno mismo

A veces no entiendo como sobrevivo a mi propia estupidez.

Siempre me he considerado, sin querer pavonearme de ello, una persona con suerte. Es algo sobre lo que en general no me puedo quejar.

Hoy he vuelto a España para pasar una semana. Hoy ha sido uno de esos días en los que la vida me recuerda que no todo es tener suerte. Y me lo recuerda de una forma sencilla, sin producirme mucho dolor. Se limita tan solo a complicarse, a liarse poco a poco y a cada paso que doy escuchó una risa de fondo.

Algo tan simple como coger un par de aviones y un tren se convierte en una odisea. La tecnología esa aliada fría y sin sentimientos. Sin capacidad para comprender la situación. Incapaz de hacer un solo favor e impidiendo que las personas puedan hacerlo. La tecnología esa aliada fría e implacable.

¿Cómo pueden enredarse así las cosas?

No voy a entrar en detalles por una razón muy sencilla, parte del lío se debe generalmente a mi confianza, a mi estúpida confianza de que al final me salen las cosas bien.

Y al final salen. Y aprendo algo nuevo. Y me río porque la próxima la vida me cogerá por otro lado. Así es este juego.

Creo que soy una persona con suerte. Tan solo que de vez en cuando he de pagarlo juntando toda la mala suerte en un par de jornadas. Si, un par de jornadas, porque si bien hoy ha sido mi falta de previsión (¿como puedo estar reconociendo una cosa así?) ayer el mal tiempo hizo muy bien su trabajo.

Quiero hacer notar que no he mencionado la palabra problema ni una sola vez. Lo de hoy no son problemas. Ya he dicho que soy una persona con suerte. Para encontrar problemas reales no tendrías que estar leyendo esto sino los periódicos.

Túnez, día 38: Ese grandísimo hijo de...

Sin hacer referencia al titulo, hoy me he acordado de cierto Personaje amigo mío.

Llevo un par de días bastante ocupado, aunque la tarea es bastante sencilla: Se conduce por una carretera siguiendo las líneas de alta tensión hasta encontrar una subestación de potencia (realmente no están tan perdidas como parecen, siempre hay algún pueblo cercano como referencia), se desembala el equipo, se monta encima de las cajas de cartón porque hay que trabajar cerca del armario de comunicaciones. Su lugar definitivo en la oficina está en otra habitación o incluso en otra planta y habría que dar cientos de paseos para ir comprobando el resultado del trabajo sin contar las miles de manipulaciones durante el proceso. Se conecta el equipo. El trabajador, o sea yo, se sienta en el suelo o trozo de madera e instala todos los programas de control y comunicación necesarios. Hasta ahora he intentado ser lo menos transparente posible para no rebelar información secreta sobre mi trabajo. Si así lo hiciera tendría que buscaros y eliminaros uno a uno antes de que me despidiesen.

Por ahora como he dicho parece sencillo. Además estoy completamente equipado. Tengo un portátil con todos los manuales. Poseo cables y conectores. He comprado coca cola y patatas fritas. Por si fuera poco me acompaña un técnico que sabe montar y desmontar cables de red con los ojos cerrados. Tengo también un móvil repleto de números de gente que puede resolverme las dudas. Ya conocéis el dicho, sino sabes hacerlo al menos ten a mano alguien quien sepa.

Me voy a repetir. Hasta ahora parece sencillo.

PUES YO ME CISCO EN TODA LA FAMILIA DEL MURPHY DE LAS NARICES Y EN TODO SU TEOREMA, LEY O LO QUE PUÑETAS SEA.

Hoy mi tostada estaba untada de mermelada hasta por los bordes. Ni dos puñeteros pasos seguidos.

No os podéis que "miedo" he pasado cuando de vuelta a Gafsa ha empezado a llover y me he dado cuenta que el coche lo tenía en reserva...a "solo" 20 kilómetros de la gasolinera más cercana. Yo miraba a todos lados. Si aparece alguien parecido al mencionado grandísimo hijo de...lo atropello antes de quedarme sin combustible.

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Túnez, día 36: Pequeños detalles

En los tiempos muertos mientras conduzco hacia el hotel, suelo pensar sobre que voy a escribir en este diario.

Tengo varios temas en el tintero y en los días como este, de rutina y trabajo, me planteo escribir sobre ellos pero ninguno me sacude el alma, la mente o el estomago como para lanzarme a ello.

Hoy he escuchado una canción bellísima. Llena de sentimiento, la melodía melancólica que rompía el alma para después ir reconstruyéndotela pedacito a pedacito, decía en su estribillo algo así como que la vida son dos días.

Pensaba en esa canción, que probablemente era lo más destacable del día. Pero me parecía muy triste y nada parejo a mis sentimientos.

Entonces me ha venido a la cabeza un tema que está siendo recurrente en este diario de viaje, aunque a veces algo borroso, siempre aparece con cada imagen que intento describir.

Me refiero a los pequeños detalles que la vida te regala sin preguntarte, acertando siempre...aunque no siempre sabemos agradecérselo ni siquiera disfrutando de ellos.

Descubro además que mucho de los temas sobre los que aún no he escrito y posiblemente nunca escribiré se refieren a pequeños detalles.

En la puerta del hotel me detengo un rato pensando en todo esto, saludo al entrar a la recepcionista y al botones. Tanto tiempo aquí que ya soy como de la familia. Recorro el largo pasillo hasta mi habitación y sigo dándole vueltas a lo de los detalles pero sin encontrar la forma adecuada, la imagen precisa que me empuje a escribir.

Estoy hablando de pequeños detalles, de como disfrutarlos, de como aparecen sin más y hacen que la vida no se parezca tanto a ella misma y más a lo que nos gustaría que fuese.

Al entrar en la habitación casi me pongo a llorar de la emoción. El corazón me ha dado un vuelco y una sonrisa se ha posado en mi cara, dándome cierto aspecto de idiota y no me apetece espantarla de ahí.

La cama no era tal sino una pequeña obra de arte. Siempre me había encontrado algo especial, generalmente la segunda manta doblada en forma de lacito. Ni que decir tengo que los días que no había tal lacito lo echaba de menos. Hoy no hay lacito, en su lugar encima de la cama tengo una manta plegada en forma de flor. Flores rojas, geranios, es lo que han colocado en las esquinas y encima de la flor. Y una caravana de pétalos es lo que adorna mi almohada.

Le debo otra más a la vida, pero algo me dice que no me la va a cobrar. Esta corre de su cuenta.

Actualiazacion:. una buena sorpresa es la que no acaba cuando parece. Esta mañana, al ir al baño mas dormido que despierto, he levantado la tapa del inodoro (yo siempre la bako despues de usarlo,jeje) y alli me he encontrado un ramillte de pequeñas florecillas rojas dandome los buenos dias. He dudado por un momento y al final me he dicho: a tomar por saco, tengo que hacer cosas importantes, no puedo pasarme una hora contemplando embobado el vater y no pienso mear en el jardin. Tota la magia ha comenzado un nuevo dia que doy por seguro estara repleto de pequeños detalles y sorpresas

Túnez, día 35: Anécdota

Llevo todo el día acordándome.

Anoche apenas pude dormir. Es lo que pasa con las anécdotas, sueles acordarte de ellas cuando no puedes escribirlas y tienes miedo de olvidarte de ellas.

Esta no es espectacular pero tiene su aquel. Además si nos ponemos serios nos proporciona un buen tema de conversación.

Después de todo un día de excursión me encuentro en un de mis últimos destinos, Chebika. Allí, al borde de un precipicio con unas vistas espectaculares del oasis y del desierto, escucho como un tunecino, con turbante y traje típico, vestido para la ocasión, relata ciertos detalles de la historia del pueblo a una pareja de españoles.

Yo que soy educado y quería en parte sorprender a los españoles, ya sabéis compatriotas en tierras lejanas y todo eso, saludo con un buenas tardes. El matrimonio sin mucha sorpresa me contesta con un escueto UmmTardes. El tunecino me mira, sonríe y suelta un ¡Que pasa Neng! con una pronunciación caso impecable.

El Barca, el Real Madrid y el Neng, cultura española a la conquista del mundo.

Túnez, día 34: Otro domingo, otro regalo

No es la primera vez que escribo un diario de viaje y se una, me es más difícil escribir un día que no haya ocurrido nada que un día que hayan pasado muchas cosas. Los recuerdos se me agolpan en la memoria peleando por salir, lo sentimientos son diversos y generalmente enfrentados, las anécdotas cómicas se codean con los momentos melancólicos.

Este domingo, como casi todos los que he vivido en este país, ha sido un regalo que me he hecho. Estoy aquí para trabajar, para dejar contento al cliente-a buen entendedor-, como ya dije alguna vez, suelo ser bastante gilipollas y he trabajado incluso algún sábado (puedo escuchar las risas desde aquí), pero los domingos me los regalo. Nada de hotel, nada de haber que hacemos hoy. Los domingos, por ahora, son a ver que hago hoy, en singular. Quien quiera que me acompañe.

Escalope-man se ha ido, me ha abandonado. La culpa no es suya. Este fin de semana estoy con unos compañeros de la empresa. Buena gente, el argentino el que más.

A pesar de serlo, ayer no dudaron en que fuésemos a trabajar. Hoy se han quedado en el hotel. Haciendo no quiero saber el que. El argentino al menos se ha levantado tarde. Lo siento, parece un buen compañero de viaje, aunque creo que hubiese pedido volver temprano, tenía (quizás aún lo tenga) trabajo que hacer para mañana.

Llevo ya unas cuantas líneas y aún no he contado anda de lo que he hecho hoy. Es que los recuerdos se me agolpan, los sentimientos son diversos...eso ya lo he contado.

Ha sido un día redondo, para enmarcar. Por lo bueno y por lo malo.

He salido temprano, como a mi me gusta. Hacia el sur, hacia el desierto, sin ningún plan definido

Recuerdo una escena de Lawrence de Arabia-inmenso Peter O'Toole-cuando el jeque árabe le dice a Lawrence algo así como que él, Lawrence, es otro de esos locos que aman el desierto pero que ellos los árabes lo que aman es el agua, las plantas, la vegetación que no tienen y con la que sueñan cada día. Creo que yo soy uno de esos locos enamorados del desierto. Ya de pequeño jugaba a exploradores en las dunas de Doñana y la mayoría de los cuentos que invento-tendré que escribirlos algún día-me gusta ambientarlos en algún lugar árido y desértico. Y aunque nuca tuve el valor de convertirme en el explorador que soñaba de pequeño he aquí que la vida generosa como siempre me da la oportunidad de cumplir mi sueño (ya se lo cobrará más adelante, estoy seguro)

Mis pasos o mejor dicho mis golpes de volante me han llevado a Nefta, la Princesa del Desierto, ciudad puerta entre el mundo controlado a medias por el hombre y el Gran Erg, el desierto del Sahara.

Esta vez he hecho lo que hace tiempo que no hago, contratar a un guía. Un señor mayor, de más de 55 años, con cuarenta de oficio en las espaldas según me ha contado. He ha conducido placidamente por la zona antigua, sus callejuelas, sus casas de ladrillo berebere, sus puertas. Me lo ha ido explicando todo, en francés e italiano, incluso ha usado algunas palabras en alemán. Como último recurso me señalaba y lo decía en árabe, para que yo lo aprendiese. Tal despliegue de lenguas es para quitarse el sombrero y aplaudir. A el por conocerlas y a mi por entenderle porque creo que le he entendido todas las historias que me ha contado, y han sido varias. Hemos paseado tranquilamente por el oasis, he comido 5 o 6 tipos diferentes de dátiles, me ha enseñado a diferenciarlos, a distinguir los maduros de los que no lo están.

He comprobado con mis propios ojos una realidad que todos conocemos: el agua es la vida. Eso no es nuevo, todos lo sabemos. Vale, vale. Aquí esa idea se hace más real que en cualquier otro sitio. Observas perplejo como a un lado del camino una vegetación exuberante, llena de vida y color observa sonriente al sol celebrando la vida, el agua, en todo su esplendor. Al otro lado del comino, sin solución de continuidad, se encuentra...nada. No hay nada. La vida es segada sin compasión. No hay agua no hay vida. A simple vista no la hay, sobre los métodos de supervivencia en condiciones de vida adversa y otros milagros de la naturaleza al National Geographic me remito. Aunque esos milagros se sustentan en encontrar agua o retenerla. Al otro lado del camino se extienden cientos y cientos de kilómetros de la región más dura y peligrosa del planeta, al menos hasta que vaya a la antártica y escriba desde allí un diario de viaje.

Para los que esté diciendo que no es para tanto, decirles que pueden que tengan razón. Aquí le "verdadero" desierto, al de arena, dunas y viento está acompañado del Chott. Blancas depresiones saladas que se suceden durante más de trescientos kilómetros. Estos traicioneros amigos tan pronto recogen el agua de la lluvia, como superan con facilidad los treinta grados. El aire vibra suavemente, como si cantara en silencio. Las imágenes se hacen difusas y un eterno mar se vislumbra en la lejanía. Un mar maldito, juguetón, que te vigila y se aleja de ti lo justo para mantener la distancia, lo justo para mantener la ilusión y la esperanza.

Caminando junto a aquel hombre, haciendo fotografías según sus indicaciones o según las mías, atento a sus gestos, a sus palabras me he traslado en el tiempo. No estoy invocando la tan manida imagen poética de verme recorriendo la ciudad en su máximo esplendor, escuchando los ecos del mercado, las caravanas beréberes llegando desde el corazón del desierto, los imanes en las mezquitas-esto aún permanece, Nefta tiene 26 mezquitas. No, es algo más personal. Viendo a este hombre, entrado en años, moreno, con arrugas en la piel, una mirada que dice más cuando calla que cuando habla me viene a la mente otro hombre del desierto, en principio sin rostro. Pienso en películas, intento recordar pasajes de libros pero siento que hay una pieza que no encaja. Entonces me fijo en su cojera y pienso lo que ya he dicho muchas veces. La vida se construye a base de detalles, y de casualidades. Un hombre cojeando me guía en el desierto del Sahara y recuerdo otro desierto a miles de kilómetros de distancia. El primer gran desierto que conocí, el Gobi y recuerdo el hombre que nos condujo, a mi hermana, a mis amigos y a mi, a conocer sus secretos. Un hombre moreno, piel curtida por el viento de aquel desierto, un hombre que miraba siempre al horizonte, buscando el mejor camino. Un hombre del desierto, un hombre que también cojeaba.

Leí hace tiempo que para escribir hay que vivir. Todavía no me he decidido a darle la razón, pero está claro que hoy he vivido mucho. Se hace tarde, mañana he de madrugar pero no puedo parar, creo que hoy padezco de incontinencia verbal. Como casi siempre.

Toda una mañana no han sido suficientes. El cuerpo, la mente y el alma me pedían seguir explorando. Deposito lleno, botellas de agua, sin cobertura en el móvil, sin mapa y el sol como referencia. Las condiciones perfectas para atravesar chott El-Gharsa dirección a Chebika (un saludo a los fans de la Guerra de las Galaxias). No voy a hablar mucho más del paisaje. Lo dicho anteriormente y las fotos hablan por si solas (poco a poco se acaba la incontinencia verbal). No ha sido mucho recorrido en coche, unos 60 Km., la autentica aventura automovilística vendrá después, pero ha sido fascinante. Una carretera completamente recta y llana, el Chott a ambos lados y al frente las montañas...y ni un solo coche con el que cruzarse.

Chebika ha sido la sorpresa del día. Pensaba encontrarme un par de palmeras enclavadas en un risco rodeando un pueblo de reciente construcción. Nada más lejos de la realidad. El oasis pequeño pero elegante, está custodiado por las ruinas de un pueblo abandonado. La fuente, de aguas cristalinas es fácil de encontrar siguiendo el canal de riego principal. Todo rodeado de montañas y rocas. Para los cinéfilos decir que aquí se rodó el Paciente Ingles y que seguro George Lucas se paso hace ya mucho tiempo para rodar alguna escena de la Guerra de las Galaxias. El paisaje es agreste y rojizo. Las rocas están cortadas a cuchillo, en láminas de diversos grosores. Se pueden distinguir incluso restos fosilizados de restos marinos. Ya se va aclarando lo de la sal del Chott. Poco más que decir, salvo tal vez que desde lo alto de uno de los riscos cercanos he podido contemplar uno de los atardeceres más hermosos que haya visto en mi vida. Los ocres, naranjas y morados se fundían con el blanco y amarillo del horizonte. Las finas nubes, oscuras, prometiendo una lluvia que no siempre llega, hacían que la paleta de colores fuera más original de lo habitual, menos limpia, mucho más difusa. Desde mi atalaya podía ver cientos y cientos de kilómetros de desierto. Ahora me explico porque el ejército romano tenía una pequeña guarnición en este solitario paraje.

Del regreso de noche por una carretera de montaña no voy a comentar nada. Quiero demasiado a mi madre para darle ese disgusto.

Un día largo y muchas ganas de escribir. La habitación del hotel está hoy más triste que de costumbre. Me imagino, escribiendo estas líneas, sentado con vosotros, tomando un café o un te, riendo, hablando, contando estas mismas historias que ya conocéis por el blog y que escucháis con paciencia. A veces me cayo e intento sacaros algún tema diferente, pero todos sabéis que es superior a mis fuerzas y de nuevo me preguntáis por este o aquel detalle, sabiendo que eso abrirá de nuevo el baúl de los recuerdos e historias.

Y pediremos otro café o un te o quizás se haga tarde y nos pidamos algo más fuerte.

Túnez día 28: Antros y bailarinas

 

00:24, como casi siempre en la habitación del hotel

Yassin y su amigo...no recuerdo su nombre, Radomir-el hombre escalope- y yo lo conocemos como ErmugaErmuga. Palabra que está todo el día repitiendo y que no hace falta que nos la traduzcan. Su cara de vicioso lo dice todo. Decía que Yassin y su amigo me han propuesto ir hoy a ver un espectáculo de danza tradicional en un hotel cerca de su casa.

Yo ya me las imaginaba rodeado de turistas, los pocos que pueda haber en estas fechas por Gafsa, viendo un espectáculo "tipical spanish" pero a lo tunecino.

Nada más lejos de la realidad. Llegamos al hotel, un viejo edificio marrón de ladrillos desteñidos, si es que algún día tuvieron algún color. En la puerta un gorila nos cobra un par de dinares antes de dejarnos pasar con un gruñido. Lo de gorila no es un eufemismo.

Entramos en un salón de techos bajos, luz mortecina de un color que intenta parecerse al amarillo. El local está decentemente limpio y mis amigos piden la cena. Miro a mi alrededor, una veintena de hombres, solo hombres, ocupan unas cuantas mesas. Cada uno hace frente a un par de cervezas. He comprobado ya en un par de sitios que en este país puestos a saltarse las normas de Mahoma, lo hacen a las bravas, pidiendo las cervezas de tres en tres. Me pregunto que puestos a pasar del profeta podrían traerme una tapita de jamón, aunque me resisto a preguntar.

En cambio si pregunto a mis compañeros sobre el espectáculo de danza. Me contestan que empezará en media hora, lo justo para acabar la cena. La cara de vicio que ponen hace que empiece a sospechar sobre el tipo de espectáculo que voy a presenciar. Insisto en que me den detalles y entre risas llego a entender que es una sorpresa.

Y allí estoy yo, un occidental decadente, bebiendo orín de yanqui-como decía Víctor, mi maestro jedi- entre tres docenas de tunecinos que dan cuenta de un par de litros de cerveza cada uno.

De repente cambia la música, se hace más alegre y aparece ella. Falda larga de seda verde semitransparente, sujetador a juego cubierto por lentejuelas y alguna perla de imitación. Algo sorprendido estoy apunto de decir algo como: ¿Para esto tanta cara de vicio? En verano en las discotecas de mi país hay muchachas que llevan menos ropa. Me muerdo la lengua otra vez pensando no seas tan chulo y disfruta del espectáculo.

La bailarina empieza a bailar entre las mesas al son de la música, siempre sonriendo, siempre mirando a los ojos. Los presenten dan palmas y la llaman para que se acerque a bailar. Ella sin miedo lo hace, se acerca a algún afortunado, le susurra algo al oído y se marcha bailando hacia otra mesa. Con tal cantidad de hombres, la ingesta de alcohol y nadie de seguridad cerca, me refiero al gorila, salvo algunos jóvenes camareros y los músicos, me temo lo peor. Pero nada ocurre, ella baila para todos y ellos miran, sin molestarla.

Los más atrevidos le hacen una señal y ella se sube a la mesa. A cambio siempre recibe una propina.

Uno de la mesa de al lado, bastante borracho se levanta y la imita. Incluso se sube a la mesa. Me fijo en su cara y en la de sus colegas y su expresión me recuerda a la que ponen algunos en las bodas. Si no fuera por las propinas diría que estoy en una fiesta familiar.

Se acerca un par de veces a nosotros. La primera me mira y le pregunta a Yassin que de dónde soy. Sonríe al oír la respuesta y menea la cadera delante de mí. Siempre sonriendo, siempre mirando a los ojos.

Vuelve al rato, baila para Yassin y para ErmugaErmuga, que sorprendentemente mantiene un expresión fría, de hombre duro. Expresión que desaparece cuando la chica se da la vuelta, "Ermuga Ermuga" y mueve las manos como si acariciase dos pechos imaginarios. Ahora la bailarina extiende los brazos invitándome a bailar. Yo por supuesto acepto, pegándole un par de pases de pecho y presumiendo del arte flamenco que no tengo. El grupo de al lado me aplaude.

Hago una seña e invito a la bailarina a subirse a nuestra mesa. Baila un poco y cuando baja se agacha para recibir su propina. Me pone delante el escote, sus tetas se mueven de arriba abajo que da gusto, impulsadas por alguna técnica de control muscular, que no logro imaginar como se aprende. Así se queda unos segundos.

Yo que a veces me las doy de caballero, además de ser un poco gilipollas, en vez de ponerle el billete entre las tetas, plantando de paso mis manazas en alguna de ellas, aprovecho que está bajando para cogerle de la mano. Se la beso cual gentleman y le doy el billete. Ella mira su mano, me mira a mí y vuelve a mirar su mano. Aún no se lo cree.

Mis amigos me miran a mi con cara de este tipo es imbécil. Y yo no miro a nadie en particular.

Entonces sucede algo curioso. La bailarina se ríe, suelta un gritito de los de allí y se vuelve a subir a la mesa. Ahora baila solo para mí durante más del doble de tiempo de lo habitual en estos casos.

Mis amigos siguen con la boca abierta. El grupo de la otra mesa aplaude ahora con más entusiasmo.

Túnez, día 28: Sin noticias de Gurb

Llevo aquí 28 días.  

Internet lo uso lo  justo, correo y actualizar este diario.  

Hasta ayer no pillé la BBC en la tele de mi hotel.   

No se como va la liga o la copa, no se quién gano las catalanas ni que caballero o caballeros nos dan ahora la murga desde Cataluña, no se que es de Zapatero y su alianza de civilizaciones, tal como iban las cosas dudo mucho que Rajoy siga liderando el PP, pero quien sabe si en las Bermudas tienen su triangulo misterioso  porqué no iba a tener España sus propios fenómenos paranormales; de ETA, la chorrotregua y la bajada de pantalones las negociaciones de paz ni los ecos oigo por estos lares; inmigración, relaciones internacionales, OPA de Endesa y demás culebrones varios son recuerdos difusos en mi memoria.  

Vale que estuviera el pasado fin de semana en España. Pero hice lo que tenía que hacer, pasar el tiempo con las personas que quiero comiendo jamón y bebiendo vino.

 Si ahora me dicen que España ya no existe o que me la han cambiado de sitio, a lo mejor ya no está en el norte de África sino vagando por el Atlántico como una balsa de piedra (magnifico libro de Saramago por cierto) me lo creo. Quién sabe, a lo mejor acabo como Tom Hanks viviendo en un aeropuerto, aunque me he enterado que casos como ese hay ya  varios. 

 Quien sabe. Le he comentado esta estupidez a mi colega serbio y se ha reído un rato pensando en un país navegando por el mar. Respecto a que España ya no sea España no ha reído mucho. Simplemente ha sacado su pasaporte y me lo ha enseñado. Yugoslavia pone en la portada. Salir es fácil, me dice. Los problemas aparecen a veces cuando quieres regresar. En la aduana de suecia, Dinamarca o cualquier país medio civilizado, un funcionario diligente y disciplinado coge en ocasiones la lista de países y les dice en la cara una verdad como un templo, Yugoslavia no existe, el pasaporte no es valido. Al final regresan pero tras un gasto enorme de saliva y la moral por los suelos.

Túnez día 27: Domingo de palmeras

Llevo varios minutos con la pagina en blanco sin saber que escribir sobre el día de hoy. Un día de sabor una tanto agridulce. Mejor sería empezar por el principio pero  no tengo el cuerpo para ponerme a narrar sin más los acontecimientos. Pero, ¿qué más tengo salvo los hechos? Generalmente demasiadas opiniones.

 A los que estén hartos de mis diatribas existenciales he de que el de hoy ha sido un día muy agradable. A pesar de las reticencias que ayer tenía mi compañero serbio de ir a ninguna parte, esta mañana, en el desayuno, ha accedido a que hagamos una excursión. Creo que ayer entendió bastante bien que podía quedarse aquí solo en hotel, que yo no pasaba un día entero encerrado en esta ciudad. Y yo tengo las llaves del coche... 

En no menos de una hora llegamos a Touzer, la capital mundial de los dátiles. O al menos de eso presumen sus habitantes. No se si es verdad pero sus 1000 Ha. de palmeral son un buen contrincante si alguien pretende quitarles el trono. Y hay quién lo hace, la ciudad de Nefta, un poco más al sur. Pero hasta allí no llegamos porque el jodio serbio es un urbanita de cuidado y desde las 12:00 ha estado proponiendo volver al hotel. Que le den he pensado un par de veces, a mi nadie me amarga la excursión por el oasis. De hecho si lo han hecho, pero poco a poco. 

Por fin he podido pasear por una ciudad con cierto encanto, Gabes y Gafsa son demasiado modernas. El barrio antiguo de Touzer, con sus calles estrechas, diseñadas a modo de laberinto como toda ciudad árabe que se precie, es un lugar como otro cualquier para perderse y disfrutar con ello. Niños jugando en la calle, los imanes llamando a la oración, mujeres tapadas con mantas negras. No es como el burka, me dice un tunecino, se tapan así por el frío. ¿Y en verano?, le pregunto. Para protegerse del calor, me dice el tipo sin inmutarse.

El zoco, bastante turístico, estaba repleto de gente y tiendas. No me precio de ser un gran trotamundos aunque cierta experiencia tengo viajando. A pesar de ello siempre me sorprende como los vendedores de todos los mercadillos del mundo tienen la habilidad para descubrir de donde procedes. Como si el espíritu santo se hubiese dado una vueltecilla por allí regalando su don de lenguas. He preguntado por el precio de un par de baratijas, tan solo por ir controlando los precios de este país. Me han llamado loco numerosas veces, por no regatear e irme sin más o por regatear un buen rato y después irme sin comprar nada. Tan solo me ha entendido la jugada un vendedor de dátiles que al enterarse que estoy en Túnez por motivos de trabajo, me ha dicho en perfecto ingles, ¿que pasa chaval? ¿Intentando pillar los precios? 

EL serbio es de ideas fijas, ya le he puesto mote, escalope-man. Es lo único que pide para comer, ensalada y escalope dinde, escalope de pavo, que por aquí se come mucho. Yo he pedido ojja, un híbrido entre pisto y revuelto y por fin he probado la carne de dromedario...nada del otro mundo. Como la de vaca pero algo más dura y con más sabor.

Escalope-man me miraba alucinado, ¿como puedes comerte un animal que huele tan mal? Yo le he contestado que si el no como cerdo. Ha dicho que si. Pues eso.La verdad que en el camino hacia Touzer nos hemos parado a fotografiar unos dromedarios y los cerdos de la sierra de Huelva parecen regados con channel nº5 en comparación con estos animales. 

Después de comer fuimos a por el plato fuerte de la excursión. Estuvimos recorriendo un buen rato el palmeral. Realmente impresionante. Miles y miles de palmeras rebosantes de dátiles comparten el espacio con pequeños árboles frutales, cada cual en su nivel. Con pequeñas aldeas y fincas privadas en su interior, el palmeral es atravesado por una red laberíntica de caminos de tierra. Si te sales del la pequeña carretera asfaltado estás perdido, en el literal sentido de la palabra. Y ahí estaba yo, con servio medio dormido en el coche dando vueltas por el palmeral buscando el Jardín du Paradise, que mi libro dice que es muy bonito. Pero no voy por la carretera principal, que va, eso es lo fácil, rápido y aburrido. Yo voy por los caminos de tierra, preguntando a los niños, mujeres y hombres que me encuentro. Algunos montados en un carro tirado por un caballo mirando en plan, o este tío esta loco o esta muy aburrido ¿pero no se da cuenta que la carretera es el camino más fácil? Eso si me entienden porque mi pronunciación francesa debe ser peor que la de sus caballos. 

Por fin llegamos al Jardín du Paradise. Es una pena que sea invierno, en primavera debe ser realmente hermoso. El serbio se queja del olor, están abonando algunas partes del jardín. Todo iba como debía ir hasta que entramos en el zoo, si a ese campo de concentración animal puede llamarse zoo. Por principio no estoy muy de acuerdo con encerrar animales, pero tal y como está la naturaleza en algunos casos proteger que dejar libre (?????). Pero ese sitio me revolvió las tripas. Hasta las moscas parecían tristes y deprimidas. Monos, gacelas, diversos roedores, búhos, halcones, buitres, dromedarios, alguna cabra y hasta un león. Y los visitantes disfrutando como enanos, de la misma manera que disfrutábamos nosotros en nuestros zoos antes de hacerlos supuestamente humanitarios. Me rió, mentira, no me rió, lloro, callado y sin lagrimas pero lloro. Hago algunas fotos pensando que si las envío a algún sitio. Pero dónde las voy a enviar. Estamos en Túnez. No es por insultar, pero aquí las leyes en general son bastante más permisivas con todo en general. Anda que se van a preocupar por un par de monos. ¿Los de fuera? Como si no hubiera problemas en el mundo para preocuparse ahora por un león más o menos. Ya lo lamentaremos. 

Así regresamos a casa, perdón, al hotel. Radomir, el escalope-man, no parece muy afectado. Es más a medida que nos acercamos al hotel se pone más contento. Jodido urbanita. Si no fuera porque es un cacho pan con un peculiar sentido del humor. Le dejaría en mitad del desierto, que para eso tengo yo las llaves del coche. Mejor dejarlo, alguien me tiene que contar historias de serbia esta noche en la cena.

Tunez, dia 26: Se te han caido los papeles

15:49, Terraza de la habitación del Gafsa Palace, al lado de la piscina

Hoy durante la hora del café hemos estado hablando con Yassin sobre el turismo sexual. Parece ser que Tunez se ha convertido en un destino apreciado por mujeres maduras que viajan desde Francia pra conseguir un amante joven.

Yassin se lo tomaba a broma, como si fuese algo normal, como si estuviesemos hablando de un buen trato, amor sexo por papeles, como si el joven amante fuese el que saliese ganando.

Incluso a contado una chiste anecdota. Un conocido suyo iba paseando con una mujer francesa cogida del brazo. Parece ser que la mujer usaba un bastón para ayudarse a andar. La señora tropezó y se cayó. Un policía que pasaba le dijo al joven tunecino: ¡Cuidado!, se te han caido los papeles.

Juzguen ustedes que yo no me atrevo. Porque en el fondo se que esta es una historia muy antigua y que con este sistema solo te juegas la dignidad y el orgullo...

... y no la vida como lo hacen los que se lanzan al mar en patera.

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Túnez día 23: Una sonrisa

22:54, Habitación del Hotel Gafsa Palace

A veces pienso que lo mejor de la vida se compone de pequeños detalles.

Detalles que marcan la diferencia entre pasar por la vida o disfrutar de ella.

Detalles como la sonrisa de ese niño que ha entrado en la oficina, con una sonrisa de ángel dibujada en su cara.

No me entiende ni falta que le hace. Simplemente llega riendo, los ojos le brillan en la cara como dos faros que alumbran no se si su camino o el nuestro mío.

Ha entrado en una habitación llena de desconocidos que le devuelven una sonrisa, la sonrisa que aparece en nuestras caras intentando imitar la suya.

Son detalles que la vida te regala y muchas veces los dejamos pasar, no los valoramos.

Pero el niño entiende la vida mejor que la mayoría de los adultos.

Quizás simplemente la entienda de manera más simple.

Entiende que las sonrisas se las dedicamos a él.

Y sin dudarlo se nos acerca uno a uno y planta un beso en nuestras mejillas.

Un beso que dice más que cualquier palabra que pueda escribir.

Una sonrisa y un beso de los que mañana no encontraré  más que las cenizas, pétalos marchitos de una flor de medianoche.

Mañana, tras una noche de descanso que no de sueños, me levantaré cansado y somnoliento, con la única motivación del pan de cada día; porque no he encontrado otra manera de conseguirlo...y se que  no es la más dura.

Y no recordaré que esta tarde me han dado una de las mejores razones para buscar el sol cada mañana.

Túnez, día 23: Tópicos

BCC de Gafsa, 19:33

Llevo varios días sin escribir. Poco a poco le voy cogiendo el ritmo a esta vida y se vuelve a apagar mis ganas de escribir. Siento como  mi estilo es horrible y describir paso a paso todo lo que me ocurre, lo que casi siempre he hecho en mis diarios de viaje, es cuanto más aburrido.

Sin embargo aquí estoy otra vez, en la oficina, con música árabe de fondo mientras Radomir bromea con los tunecinos sobre las cosas, un tanto descabelladas, que le piden que haga.

Tópicos. Llevo toda la tarde pensando en tópicos. Que fácil es caer en ellos, que fácil es tomar decisiones según una serie de tópicos que casi todos tenemos en nuestra cabeza. Hay quien los llama prejuicios, pero dado la connotación peyorativa de esta palabra voy a diferenciar unos de los otros. Por ahora.

Tópico es llegar a España después de pasar tres semanas en un país islámico y lo primero que hago al llegar a casa es irme con mis padres a comer jamón y beber una par de vasos de un buen Rioja. No es lo que más echaba de menos de mi tierra pero a veces las cosas salen así. Si lo cuento parece un tópico y todos nos reímos.

Tópico es que los tunecinos me digan que España o al menos Andalucía es árabe porque sus antepasados estuvieron aquí durante 800 años (esto me lleva a la pregunta si somos lo que somos porque lo somos o porque lo fuimos), da igual los 500 años que han pasado desde que oficialmente el último reino árabe fue conquistado. Digo oficialmente porque durante muchos años después de aquello muchos árabes permanecieron en sus tierras. Yo reconozco esto aunque ellos no reconozcan que ese tiempo, 800 años, no es de exclusividad árabe. No solo no intentan entender eso de la exclusividad y la convivencia, como jamás se le podía ocurrir que Ceuta o Melilla no son de ningún país árabe desde hace muchísimo tiempo o como se sorprenden cuando les digo que las Canarias, que yo sepa, nunca han sido árabes. Que allí vivían los guanches y que después llegamos los peninsulares y nos los cargamos a casi todos. Fin de la historia.

Ante esa sorpresa llegan las dudas de que mi versión de la historia sea correcta.  De hecho se que  no lo es porque la historia no es una ciencia exacta. Pero... los hechos son los hechos, ¿o no? Me considero una persona de mente más o menos abierta. Abierta a aprender, abierta a enseñar, abierta a comprender. Me doy cuenta que eso no importa. Este no era un debate abierto. Si se quiere algo los razonamientos en contra de ese deseo deben ser invalidados.

Esto es un tópico hasta que te lo encuentras de frente y empieza a convertirse en un prejuicio. ¿Prejuicio mío por sentirme atacado o prejuicio suyo por intentar hacerme entender que mi casa no es mi casa, que tan solo estoy de prestado? Lo que nos lleva a otra cuestión, ¿somos de donde estamos o somos de donde fuimos? Pienso que hasta que la humanidad no considere al mundo como su verdadera patria no empezaremos a resolver los problemas que tenemos.

Esto es un tópico hasta que sientes que hablan en serio. Entonces empiezas a dudar sobre tus ideas de convivencia, libertad y buen rollito para todo el mundo. Y te enfadas contigo mismo por esto, porque descubres que el tópico es ya prejuicio, que siempre lo ha sido y no entiendes como ha podido ocurrir o lo peor, entiendes perfectamente como ha ocurrido.

Ante tanto tópico, duda y prejuicio se me ocurre preguntar, vale de acuerdo, Andalucía fue arabe durante 800 años, ¿qué es lo que queréis?

Este es el momento en el que prejuicio se torna sorpresa, no saben que contestarme. Su cara es la del soldado que ante una maniobra extraña del enemigo no sabe como actuar. Seguro que habrá ideólogos, profetas, filósofos o como queramos llamarlos que me darían una respuesta, respuesta que ahora mismo no quiero escuchar. Pero mis interlocutores no me dicen nada.

¿Victoria? no, solo un hueco por donde escapar, un momento de silencio que aprovecho para empezar a rebajar y olvidarme de la discusión.

Pocas cosas acaban cuando crees que ha acabado. Aún quedan más tópicos, pero sobre eso ya escribiré otro día.

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